Jue. Jul 7th, 2022

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A pocos meses de la coronación de la monarca, el diseñador trabajaba en su atelier de Recoleta cuando recibió una visita inesperada que lo dejó perplejo. «No lo podía creer», dijo Benito Fernández.

A 20 años de la boda entre Máxima Zorreguieta y el rey Guillermo de Holanda, el diseñador argentino favorito de la monarca y quien la vistió en más de treinta ocasiones, habló con Infobae y, entre otras cosas, recordó cómo fue aquel día en el que su inesperada visita lo dejó sin aliento.

De modo indirecto, el primer contacto que Benito Fernández tuvo con Máxima ocurrió en 2002 cuando Mariana Andrés -quien por entonces estaba de novia con su hermano, Martín Zorreguieta- le encargó su vestido de madrina. Como su padre, Jorge Zorreguieta, no pudo asistir a la boda por indicación de la Casa Real, su madre, María del Cármen Cerruti Carricart, tampoco viajó. Por ello, Mariana y Martín se convirtieron en los padrinos de la boda.

«No era fácil vestir de madrina a una chica tan joven como era Mariana en ese entonces, que solo tendría unos 26 años. Tenía que llevar sombrero y tailleur. Le hice uno de organza con hilos disecados y una pollera de encaje bordada en hilos de rafia de colores. Las revistas de moda la eligieron como la cuarta invitada mejor vestida, después de Carolina de Mónaco. Ese fue el primer paso que me llevó hacia Máxima y que me permitió hacerle los más de treinta diseños que lució en estos veinte años», contó Benito Fernández.

Poco tiempo después del casamiento, Benito estaba trabajando en el vestido de una quinceañera en su atelier de Libertad y Arenales, en Recoleta, cuando recibió una llamada inesperada que lo dejó atónito.

«Se ve que las amigas le dieron mi teléfono y me llamó mientras estaba con una clienta, a la que le estaba haciendo su vestido de 15 años. No tenía ni idea quién me llamaba y, de repente, me dice. «Soy Máxima Zorreguieta, ¿en qué piso estás? Estoy en la puerta». No lo podía creer… Casi me muero. Le respondí que estaba en el segundo, así que enseguida tocó el timbre y, cuando abrí, estaba parada sola detrás de la puerta. Cuando entró, la chica de la fiesta de 15 casi se desmaya (risas) y Máxima se quedó sentada esperando que terminara de atenderla. Después, me senté con ella, nos pusimos a charlar, elegimos géneros y le hice los primeros cinco vestidos. Desde entonces, le preparaba la ropa y venía a probarla al atelier, o yo iba a casa de los padres, o al hotel en el que se alojaba. Los primeros diseños que le hice fueron para una visita que hizo por Latinoamérica, excepto Argentina», contó.

«Le hice muchos vestidos, como uno strapless colorado con una cinta de organza, que usó tres veces y que estuvo expuesto en una vitrina en un museo de Holanda, cuando se cumplieron diez años de su principado. Después, le hice el primer vestido que usó como reina en una visita oficial a los Estados Unidos y Canadá. Era de seda fucsia, de un hombro y con flecos. También, uno violeta con una flor colorada que dio la vuelta al mundo con las fotos, porque lo lució cuando se hizo el anuncio de la coronación. La vestí para el casamiento del príncipe de Grecia… Tantas veces más que ya no me acuerdo», aseguró.

Benito dijo que periódicamente le envía los vestidos que arma para ella y los hace sobre un maniquí que tiene con las medidas de la Reina. Si Máxima elige alguno, en Holanda se lo ajustan para que le quede perfecto. Sin embargo, el diseñador se entera de su elección una vez que ella los luce en público, porque nadie le avisa antes.

Este año ya le mandé unos vestidos, así que estoy esperando que los estrene. Nunca sé cuando los usa, así que se los hago y ella elige para qué ocasión lucirlos. Algunos, los usó dos o tres años después que se los mandé, pero otros a los 15 días. Antes de que se convierta en Reina, la veía seguido en Argentina y tenía una comunicación más directa. Pero, después de su coronación, no la vi más», detalló Benito.

«Las veces que vino al país, tenía poco tiempo o vino de incógnito, pero cada tanto yo le mando y ella elige. Tenemos contacto, pero no personal. No le gusta que le manden muchos vestidos, porque no tiene problema en repetir. El colorado lo usó tres veces y el violeta en dos oportunidades. Le encanta vestirse bien, pero es muy medida con la ropa. Tiene claro lo que quiere y se inclina por algunos formatos puntuales, como por ejemplo, que la ropa le marque la cintura o determinados colores. Es bastante ecléctica, porque un día se viste de gris y, al siguiente, con un estampado. Conozco el protocolo y sé que hay ciertas reglas que hay que respetar, como por ejemplo, que los vestidos cortos son a la rodilla. Así que, si los pide así, los hago, pero si no respeto sus elecciones porque nunca se dónde los va a usar», manifestó.

El diseñador asegura que Máxima sabe manejar su altura y elegancia. Sabe qué ponerse. Le gusta marcar tendencia y prefiere los colores neutros o fuertes. Le gusta usar accesorios, sobre todo, sombreros. Para la noche, prefiere los vestidos strapless y de un solo hombro.

«Creo que es una de las mujeres más elegantes y la que mejor explota sus cualidades. La primera vez que la vi luciendo un vestido mío quedé impactado. Primero, cuando vi el de Mariana en la boda no lo podía creer… porque estuvo en las fotos que aparecieron en las tapas de todos los diarios del mundo. Ya eso fue un shock y, que después Máxima empezara a usar mi ropa, fue algo increíble. Sé que usa mis diseños también en su vida privada, pero de eso no hay registro», indicó.

Benito resalta que Máxima se muestra como una mujer activa, que trabaja, que cuida de su familia y que no siempre aparece vestida con alta costura.

De modo indirecto, el primer contacto que Benito Fernández tuvo con Máxima ocurrió en 2002 cuando Mariana Andrés -quien por entonces estaba de novia con su hermano, Martín Zorreguieta- le encargó su vestido de madrina. Como su padre, Jorge Zorreguieta, no pudo asistir a la boda por indicación de la Casa Real, su madre, María del Cármen Cerruti Carricart, tampoco viajó. Por ello, Mariana y Martín se convirtieron en los padrinos de la boda.

«No era fácil vestir de madrina a una chica tan joven como era Mariana en ese entonces, que solo tendría unos 26 años. Tenía que llevar sombrero y tailleur. Le hice uno de organza con hilos disecados y una pollera de encaje bordada en hilos de rafia de colores. Las revistas de moda la eligieron como la cuarta invitada mejor vestida, después de Carolina de Mónaco. Ese fue el primer paso que me llevó hacia Máxima y que me permitió hacerle los más de treinta diseños que lució en estos veinte años», le dijo Benito Fernández a Infobae.

Benito Fernández vistió a Mariana Andrés, novia de Martín Zorreguieta, para la boda de Máxima y el rey Guillermo. Vestida de gris, está ubicada a la izquierda de la actual reina (REUTERS/Paul Vreeker/Pool)
Benito Fernández vistió a Mariana Andrés, novia de Martín Zorreguieta, para la boda de Máxima y el rey Guillermo. Vestida de gris, está ubicada a la izquierda de la actual reina (REUTERS/Paul Vreeker/Pool)
Pero para la boda real, no solo vistió a Mariana -a quien le hizo cinco vestidos para cada una de las distintas ceremonias y celebraciones oficiales- sino que también se ocupó de los diseños de cinco de las mejores amigas de Máxima, que viajaron juntas desde la Argentina.

Poco tiempo después del casamiento, Benito estaba trabajando en el vestido de una quinceañera en su atelier de Libertad y Arenales, en Recoleta, cuando recibió una llamada inesperada que lo dejó atónito.

«Se ve que las amigas le dieron mi teléfono y me llamó mientras estaba con una clienta, a la que le estaba haciendo su vestido de 15 años. No tenía ni idea quién me llamaba y, de repente, me dice. «Soy Máxima Zorreguieta, ¿en qué piso estás? Estoy en la puerta». No lo podía creer… Casi me muero. Le respondí que estaba en el segundo, así que enseguida tocó el timbre y, cuando abrí, estaba parada sola detrás de la puerta. Cuando entró, la chica de la fiesta de 15 casi se desmaya (risas) y Máxima se quedó sentada esperando que terminara de atenderla. Después, me senté con ella, nos pusimos a charlar, elegimos géneros y le hice los primeros cinco vestidos. Desde entonces, le preparaba la ropa y venía a probarla al atelier, o yo iba a casa de los padres, o al hotel en el que se alojaba. Los primeros diseños que le hice fueron para una visita que hizo por Latinoamérica, excepto Argentina», contó.

«Le hice muchos vestidos, como uno strapless colorado con una cinta de organza, que usó tres veces y que estuvo expuesto en una vitrina en un museo de Holanda, cuando se cumplieron diez años de su principado. Después, le hice el primer vestido que usó como reina en una visita oficial a los Estados Unidos y Canadá. Era de seda fucsia, de un hombro y con flecos. También, uno violeta con una flor colorada que dio la vuelta al mundo con las fotos, porque lo lució cuando se hizo el anuncio de la coronación. La vestí para el casamiento del príncipe de Grecia… Tantas veces más que ya no me acuerdo», aseguró.

Benito dijo que periódicamente le envía los vestidos que arma para ella y los hace sobre un maniquí que tiene con las medidas de la Reina. Si Máxima elige alguno, en Holanda se lo ajustan para que le quede perfecto. Sin embargo, el diseñador se entera de su elección una vez que ella los luce en público, porque nadie le avisa antes.
«Este año ya le mandé unos vestidos, así que estoy esperando que los estrene. Nunca sé cuando los usa, así que se los hago y ella elige para qué ocasión lucirlos. Algunos, los usó dos o tres años después que se los mandé, pero otros a los 15 días. Antes de que se convierta en Reina, la veía seguido en Argentina y tenía una comunicación más directa. Pero, después de su coronación, no la vi más», detalló Benito.

«Este año ya le mandé unos vestidos, así que estoy esperando que los estrene. Nunca sé cuando los usa, así que se los hago y ella elige para qué ocasión lucirlos. Algunos, los usó dos o tres años después que se los mandé, pero otros a los 15 días. Antes de que se convierta en Reina, la veía seguido en Argentina y tenía una comunicación más directa. Pero, después de su coronación, no la vi más», detalló Benito.

«Las veces que vino al país, tenía poco tiempo o vino de incógnito, pero cada tanto yo le mando y ella elige. Tenemos contacto, pero no personal. No le gusta que le manden muchos vestidos, porque no tiene problema en repetir. El colorado lo usó tres veces y el violeta en dos oportunidades. Le encanta vestirse bien, pero es muy medida con la ropa. Tiene claro lo que quiere y se inclina por algunos formatos puntuales, como por ejemplo, que la ropa le marque la cintura o determinados colores. Es bastante ecléctica, porque un día se viste de gris y, al siguiente, con un estampado. Conozco el protocolo y sé que hay ciertas reglas que hay que respetar, como por ejemplo, que los vestidos cortos son a la rodilla. Así que, si los pide así, los hago, pero si no respeto sus elecciones porque nunca se dónde los va a usar», manifestó.

«Los primeros diseños que le hice fueron para una visita que hizo por Latinoamérica, excepto Argentina», contó Benito Fernández .

El diseñador asegura que Máxima sabe manejar su altura y elegancia. Sabe qué ponerse. Le gusta marcar tendencia y prefiere los colores neutros o fuertes. Le gusta usar accesorios, sobre todo, sombreros. Para la noche, prefiere los vestidos strapless y de un solo hombro.

«Creo que es una de las mujeres más elegantes y la que mejor explota sus cualidades. La primera vez que la vi luciendo un vestido mío quedé impactado. Primero, cuando vi el de Mariana en la boda no lo podía creer… porque estuvo en las fotos que aparecieron en las tapas de todos los diarios del mundo. Ya eso fue un shock y, que después Máxima empezara a usar mi ropa, fue algo increíble. Sé que usa mis diseños también en su vida privada, pero de eso no hay registro», indicó.

Benito resalta que Máxima se muestra como una mujer activa, que trabaja, que cuida de su familia y que no siempre aparece vestida con alta costura.

«Me encanta que alterne la alta costura con la ropa low cost. Un día puede estar vestida de Valentino y, al otro, la ves con un low cost… pero ambos los sabe llevar y eso es algo que no puede hacer mucha gente. Esa es la mujer de hoy, más allá de sus posibilidades económicas, porque es una mujer real que cuida a sus hijos, que trabaja, que repite la ropa, que usa marcas más económicas… Me gustan las mujeres reales, auténticas, verdaderas», dijo.

«Nos representa muy bien. Tiene un magnetismo y una presencia muy fuerte. Sabe elegir qué ponerse. Por lejos, me parece la Reina más elegante del mundo pero, además, me gusta su actitud porque es dueña de un carisma, una alegría, una energía, un carácter y un carisma impresionantes. No solo es importante que un vestido sea lindo, sino que quien lo tiene puesto, lo sepa llevar y transmitir. Y Máxima es perfecta: tiene una fuerza increíble», finalizó.

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